Cancer de prostata

El tratamiento hormonal del cancer de prostata

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Hasta la introducción de las hormonas en el tratamiento del cancer de próstata, no disponíamos de ningún tratamiento médico (es decir no quirúrgico ni radioterápico) para el tratamiento de estos tumores. Esta situación lleva al Dr. E.L. Keyes, jefe del Servicio de Urología del Hospital Bellvue de Nueva York, en su célebre tratado de urología del año 1893, a despachar el problema en pocas palabras: el cáncer de próstata es incurable.

No fue hasta el año 1941 en que la situación cambia radicalmente. El Dr. W. Huggins, urólogo de Chicago, descubre la dependencia hormonal del cáncer de próstata y la regresión temporal de este tumor al suprimir la acción de la testosterona (la hormona masculina). Este hallazgo le valió al Dr.Huggins el Premio Nóbel de Medicina en el año 1966.

Inicialmente el único procedimiento para surprimir la testosterona era la extirpación de los testículos. Posteriorment se vio que se podía conseguir el mismo efecto bloqueando la formación de la testosterona mediante ciertos medicamentos. El primero y más utilizado fue el dietilestilbestrol, un estrógeno (hormona femenina). Su administración por vía oral hacía detenerse e incluso regresar a tumores ya extendidos por todo el organismo. El problema es que esta mejoría espectacular era temporal y al cabo de 12 a 24 meses el tumor volvía a crecer con toda su virulencia.

Posteriormente los estrógenos fueron sustituidos por otros medicamentos que obtenían el mismo efecto pero con menos efectos secundarios y con pautas de administración más cómodas. El Ketoconazol (un medicamente utilizado contra las infecciones por hongos pero que también bloquea la testosterona), la Flutamida y la Bicalutamida fueron los más utilzados y todavía lo son. Todas estas drogas se dministran por vía oral por lo que son fáciles y cómodas de tomar. Más adelante, y siempre en la misma línea de bloquear la producción o la acción de la testosterona, aparecen los análogos de las hormonas liberadoras de gonadotropinas, (GnRHA en sus siglas en inglés) que aunque han de ser inyectadas pueden ser adminstradas cada tres o incluso cada seis meses, lo que constituye una pauta mucho más cómoda. Después, y siempre con la intención de mejorar la efecividad y disminuir los efectos secundarios en lo posible, aparecen la Enzalutamida y el Abiraterone (que al igual que el Ketoconazol también inhibe la síntesis de la testosterona en las glandulas suprarrenales por lo que hay que administrarlo junto con un corticoide). Otros como el Acetato de Ciproterona, que fueron muy utilizados en el pasado, hoy se usan mucho menos.

La quimoterpia convencional, como la utilizada en otros tumores cancerosos, no es efectiva contra el cáncer de próstata. Solamente el Docetaxel ha demostrado cierta actividad en el tratamiento de estos tumores cuando las hormonas han fracasado.

El probema del tratamiento hormonal es que, aunque inicialmente es muy eficaz, sus efectos son siempre temporales. Al cabo de uno o dos años en la mayoría de los casos su eficacia se pierde y el cáncer vuelve a crecer. Por este motivo no puede utilizarse como tratamiento curativo, pero es eficaz como paliativo y como tratamiento añadido a las terapias curativas como la cirugía y la radioterapia.

Y no hay que olvidar los posibles efectos secundarios de la supresión de la testosterona, efectos secundarios que se han reducido con la introducción de los medicamentos más modernos. La osteoporosis, la anemia, la ginecomastia (aumento doloroso del tamaño de las mamas), los sofocos y la impotencia. Estos efectos pueden minimizarse utiizando los tratamientos intermitentes, administrando la medicación durante unos meses y suspendiéndola durante otros tantos meses. Esta pauta no empeora el resultado final pero permite descansar de los efectos secundarios.

Finalmente una advertencia para nuestros lectores. Este artículo es un resumen en lenguaje no científico de la tilización de las hormonas en el tratamiento del cáncer de próstata pero en nigún caso sustituye a la consulta directa de su urólogo, que es el especialista que puede adaptar estos conocimientos a cada caso particular.

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Dr. Rafael Romero

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