De todo un poco

LOS TUMORES DEL TESTICULO

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Los tumores del testículo son en su mayoría malignos, es decir que son cánceres y como tales deben de ser tratados. Son tumores poco frecuentes que afectan generalmente a hombres jovenes. Según el informe realizado para el año 2015 por la Asociación Europea de Urología, la incidencia de estos tumores es de 10 por cada 100.000 hombres. Y según el mismo informe, el 97 % de estos tumores se curan totalmente si reciben el tratamiento adecuado.

El diagnóstico se realiza casi siempre de forma casual por el propio paciente. Nota que tiene «un bulto» en uno de sus testículos y acude inmediatamente al médico. Un hallazgo de este tipo debe de considerarse siempre que es un cáncer y proceder en consecuencia. El médico debe de asegurarse de que la tumoración está en el propio testículo y no en estructuras adyacentes, como el epidídimo. Para ello, en caso de duda, puede ayudarse de algún medio diagnóstico rápido como la ecografía.

De entrada el tratamiento es quirúrgico: hay que estirpar el testículo. No vamos a entrar en detalles técnicos pero esta operación se denomina orquiectomía radical. Quede claro que no hay que hacer una biopsia previamente, como en otros tumores. La simple presencia de una tumoración palpable por el paciente y el médico y visible en la ecografía es suficiente. Algunos de estos tumores pueden ser benignos, menos del 5 %, pero el tratamiento inicial también sería la extirpación, pues el testículo estaría muy dañado. Una precaución: antes de la operación es necesario extraer sangre para determinar el nivel de los marcadores tumorales (alfa fetoproteina y gonadotropina coriónica) pero no hay que esperar a los resultados para realizar la intervención. Estos marcadores no son necesarios para el diagnóstico inicial pero son muy útiles para controlar la evolución y el seguimiento del tratamiento.

El testículo así extirpado será analizado por el patólogo que nos dirá cual es la naturaleza del tumor. Aunque la clasificación de estos tumores es compleja y los especiaistas la modifican con frecuencia, se considera que todos estos cánceres se originan en las células germinales del testículo, en las células que producen los espermatozoides. Para efectos prácticos que es lo que ahora nos interesa, se pueden dividir en dos grupos: los tumores seminomatosos y los no seminomatosos. No es necesario aqui entrar en mas detalles, solo decir que los seminomatosos suelen ser menos agresivos y tienen mejor pronóstico.

El siguiente paso es determinar si el tumor se ha extendido fuera del testículo. Es decir, establecer el estadio del tumor. Estos cánceres se extienden en primer lugar a los gánglios linfáticos regionales, ilíacos y para aórticos, y a partir de ellos a órganos distantes como el pulmón. El TAC abdominal y torácico, la Resonancia Magnética de la columna o la gammagrafía ósea e incluso el TAC cerebral pueden ser necesarios. Establecido el estadio, podemos diseñar el resto del tratamiento.

A partir de aqui, la base del tratamiento es la quimioterapia, en ocasiones complementada por la radioterapia. La quimioterapia va a tratar todo resto de tumor que se haya podido extender a cualquier parte del organismo. La radioterapia va a tratar los gánglios linfáticos regionales.  Este tratamiento, complejo pero eficaz, debe de realizarse en un Centro que disponga de todas estas modalidades terapéuticas.

El seguimiento periódico por el especialista es fundamental para comprobar la eficacia del tratamiento ya que en ocasiones pueden aparecer recidivas que precisen nuevos tratamientos. Solo la adherencia rigurosa al tratamiento y seguimiento nos llevará a que a mayor parte del los cánceres del testículo puedan curarse definitivamente.

Como siempre, advertimos a nuestros lectores que lo aqui expuesto es un desarrollo que pueda ser fácilmente comprendido por las personas ajenas a la medicina pero que en nigún caso sustituye a la valoración directa por un especialista.

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Dr. Rafael Romero

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